Mi vida sin mi.

Liderazgo

(o cuando estaba desconectada de mi autoridad interna, me faltaba claridad, confianza y seguridad).

 


 

Mi vida se resumía en trabajar, trabajar, trabajar, jornadas de más de 8 horas diarias de trabajo, con más de 1h diaria de desplazamiento, y a pesar de no parar de hacer y producir, sentía que nunca llegaba al destino.

Todo el día en reuniones, gestionando “marrones” ocasionados por otros y malgastando energía tratando de aparentar ser el tipo de “Jefa” que no era.

Tenía éxito profesional con muchas oportunidades para progresar, aún así, me sentía insatisfecha, estancada y perdida.

Muchas veces me sentía una impostora en mi puesto, el síndrome de impostora aparecía cada vez más a menudo, y malgastaba mucho tiempo tratando de que se escuchara mi voz entre las luchas de egos en las reuniones.

  • Echaba de menos sentirme bien, creativa, fluir, con alegría y energía.
  • Echaba de menos darme permiso para liderar siendo yo, dándole espacio para aparecer tanto a mi mundo racional como a mi mundo emocional.
  • Sentir confianza y seguridad.
  • Echaba de menos a otras mujeres referentes, que me guiaran y ayudaran a liderar desde lo que soy como profesional, y a la vez respetarme como mujer, sin necesidad de imitar un modelo de liderazgo para ser tenida en cuenta.

 

Los primeros indicios con los que fui consciente que algo iba mal, los noté cuando a pesar de ser una JASP y estar logrando el éxito profesional y personal que se suponía que se esperaba de mí, sentía que estaba pagando un precio muy elevado, me estaba olvidando de mi, de mis necesidades y silenciando mi voz para no sobresalir entre las reglas del juego marcadas.

 

EL MOMENTO “AHA”

Me llegó gracias a la oportunidad de uno de nuestros clientes, nos contrataron para organizar un macro evento deportivo de proyección internacional, y yo ejercía como “Directora de Operaciones”.
Trabajar mano a mano con el director mundial de eventos de esta multinacional, me ayudó a darme cuenta de lo buena que era en mi trabajo y me de que no era valorada ni respetada con todo mi talento en mi empresa actual.

Esta primera fase de toma de consciencia comenzó en las vacaciones de septiembre,  tras un año de trabajo liderando dos macro eventos internacionales casi simultáneos en fechas, con un horario de trabajo 24/7.

Me quedé seca, enferma, agotada y vacía.

Me quedé allí, mi energía, mi ilusión se apagaron en el hotel de 5 estrella de Barcelona que se convirtió en mi casa y centro de operaciones durante aquella época, aunque en realidad ya me había quedado mucho antes. En el proceso de toma de consciencia me di cuenta de que me estaba siendo infiel a mi misma, a mis necesidades desde mucho tiempo antes…

…Era noviembre de 2010, mi abuelo estaba hospitalizado de gravedad. Sonó el teléfono y me ofrecieron hacer una entrevista, en una multinacional deportiva, esta vez para un puesto diferente que un año atrás, ¡era uno de los SUEÑOS DE MI VIDA!

El día de la entrevista, recuerdo que mi cabeza estaba allí y mi corazón estaba en la habitación del hospital, todo transcurrió “normal”, hasta que la emoción vino a mis ojos ante la pregunta de la Responsable de RRHH ¿Cómo te ven tus familiares?

Mi corazón habló.

NO me ofrecieron el puesto a pesar de ser una firme candidata, además tenían más puntos las personas de la promoción interna, pero se que las lágrimas influyeron negativamente para que no me dieran el puesto a mi.

Ahí me di cuenta de que emocionarse se percibe como una vulnerabilidad en el contexto del liderazgo.

 

CUANDO TODO SE FUE A LA MIERDA.

Entre ese momento y el momento en el que decidí transformar mi forma de estar en mi, de liderar y desarrollar mi carrera profesional pasaron unos 4 años, (llevaba 5 años en otra empresa) y en el inicio de este proceso de toma de consciencia, llegó el momento más duro de mi vida profesional, mi despido.

Tras 5 años vinculada a una empresa que sentía parte de mi y de la que simbólicamente mis jefes me dijeron que era la tercera de abordo, me despidieron.

¿Motivos? según “Jefe 1 – el que pasaba por allí”, por ser agresiva, egocéntrica y tener una autovaloración de mi misma muy elevada, según “Jefe 2 – mi mentor” no era agresiva, sino “peleona”.

¿Sabes lo que hay debajo de su motivo para despedirme? Lo tengo claro, que ESTABLECÍ UN LÍMITE INQUEBRANTABLE, dejé de hacerme responsable de sus responsabilidades y lideré mi carrera defendiendo mi trabajo y el de mi equipo.

Y como me dijo “Jefe 1”, ¡no he conocido en mi vida a nadie como tú! (lease la connotación negativa que le puso a la frase).

Soy una mujer con mi parte masculina muy implícita en mi día a día. Esto resultaba conflictivo para parte de “mis superiores” y “compañeros de trabajo”de mi entorno laboral. Como me dijo “Jefe 1” le resultaba violenta y era difícil tratar conmigo, ¿te suena familiar?, incluso me han asignado a mis espaldas términos como marimacho o lesbiana por poner límites claros, mostrar confianza y seguridad en mi talento.

Esto es lo que suele ocurrir cuando la mujer se pone en un rol masculino y entra en el juego de poder y competencia con el sexo opuesto.

 

En aquella época, en la que era una JASP, “Jóven aunque sobradamente preparada” mujer profesional que comenzó dirigiendo un equipo de asesores de marca por todo el país, reconozco que me sentía muy confusa. Por un lado sentía vergüenza por mostrar mi parte femenina, mi “vulnerabilidad”, empatía, ternura, comprensión, sin embargo me enorgullecía, o me hacía sentir muy potente el mostrar mis emociones (entendidas como más masculinas), rabia, enfado, frustración, ira.

 

Me pasaba el día tratando de reprimir ambas partes, porque ambas me “penalizaban” profesionalmente, era demasiado emocional para mis jefes y a la vez demasiado “agresiva” , 

¿ te sientes identificada ?

 

Me sentía con la presión de tener que demostrar constantemente que tenía ese puesto porque me lo merecía, que era más que una cara bonita llena de ilusión, coraje y sueños, y esa constante lucha interna y externa me llevó a desconfiar en mi valor profesional, en mi autoridad interna y a NO DARME PERMISO PARA AMBICIONAR MÁS.

Mi propio malestar e insatisfacción, me impulsaron a replantearme mi vida profesional, porque sabía que otra forma de liderar era posible.

Me costó retomar el vuelo tras aquel desengaño profesional y personal.

 

LA RESURRECCIÓN

Descubrí mis valores auténticos y me reconecté con mi autoridad interna.

Lo que descubrí en el durante y el después de retirarme de ese entorno y gastar mucho tiempo, energía y dinero en desarrollo personal, fue que mis “valores profundos” y mis acciones estuvieron en conflicto porque comencé a asumir los comportamientos típicos de mis homólogos masculinos y comencé a incorporar su modelo de liderazgo y de esta manera estaba reprimiendo mi energía femenina, mi feminidad y mis fortalezas y talentos de mujer.

Me di cuenta de que me condicioné socialmente para reprimir mi feminidad y cumplir con los estándares de otras personas con respecto lo que significaba ser una buena mujer trabajadora, una buena líder y una profesional.

Reprimí mi lado femenino y sólo nutrí mi lado masculino, eso fue lo que me estaba matando desde adentro hacia afuera.

Me dí cuenta de que estaba profundamente desconectada de mi cuerpo de mujer y de mi vida, vivía en automático, abrumada con mi ruido mental y malestar emocional, no sabía lo que sentía, sólo que se sentía mal y ese malestar se somatizó en mi cuerpo. (En resumen, este es un ejemplo de cómo se manifiesta el ciclo del estrés, ansiedad o crisis existencial.)

 

Desafortunadamente, son muchas las personas que viven desconectadas de sus cuerpos y de su biología.

 

La falta de horas de nosotras mismas, los horarios insanos, la mirada hypermasculinazada desde la que está construido el entorno laboral y la sociedad y la cantidad excesiva de asuntos de los que nos ocupamos en nuestros trabajos y en nuestros hogares nos dejan sin energía, nos hacen sentir mentalmente agarrotadas y físicamente abatidas.

 

Mi gran entrenamiento interior ha consistido y consiste en aceptar mi parte masculina e integrar mi parte femenina evitando el conflicto entre ambas, consiguiendo la convivencia de estas dos partes de mi que me han permitido “relajarme” para ser quien soy y llegar a donde he querido llegar.

 

Conseguí recuperar mi libertad expresiva y comencé a construir un estilo de liderazgo mucho más poderoso, basado en mi verdadero y auténtico ser.

Esta integración, esta convivencia entre estas dos partes de mi, lo he conseguido gracias a mi trabajo de autoconocimiento y entre otros procesos y técnicas, mediante mi hábito de bienestar y entrenamiento con movimiento inteligente.

 

Movimiento inteligente, es una técnica de vanguardia de consciencia corporal que trabajo con mis clientas, que permite a través de emplear inteligentemente la biomecánica de tu cuerpo y tu atención, mejorar el uso de tu cuerpo y a partir de él, sentirte mejor en ti y elevar tu consciencia.

 

Gracias a moverte inteligentemente en tu cuerpo, tus bloqueos internos se mitigan, tu ruido mental desaparece, los pensamientos y emociones fluyen y abres espacio para la expansión de todo tu potencial y talento.

El cuerpo es el vehículo de entrada a tu mundo emocional y racional, el cuerpo tiene memoria y no miente.

Ese es mi proceso, tu proceso, será otro, cada persona tienen el suyo, independientemente de que seas hombre o mujer, porque recuerda tanto lo masculino como lo femenino está en ti.

Empiezo a pensar que el origen de todo conflicto personal, social, laboral e incluso de grandes conflictos mundiales, surgen del analfabetismo de nosotros mismos, no nos conocemos, no sabemos lo que somos como seres humanos, ni como especie, ni como individuos, ni como género.

 

EL TRIUNFO

Afortunadamente, después vino la oportunidad de trabajar en un apasionante proyecto como COO, en dos compañías internacionales, y aunque esta vez yo ya había liberado a la líder que hay en mi, sentía que no era mi camino.

Entonces, decidí abandonar una carrera profesional entendida de éxito para ayudar a otras mujeres que están pasando por una situación similar a la que yo viví.

 

Actualmente trabajo en el desarrollo de liderazgo de mujeres profesionales que se sienten estancadas, cansadas y arrinconadas en el viejo modelo que están dispuestas a moverse para abrazar a su ambición y su bienestar personal y desafiar el statu quo para expandir su carrera profesional con todo su potencial.

 

Me dirijo a mujeres porque puedo y porque en estos momentos percibo que estamos más dispuestas a replantear y transformar lo que no funciona, porque somos las principales perjudicadas.

 

¡Hombres welcome!

Esta es parte de mi historia, ¿cuál es la tuya?

 

Pd- Si eres una mujer líder, te sientes insatisfecha y confundida a pesar del “éxito alcanzado”, ¡también podrías estar experimentando un desequilibrio entre tu masculino / femenino!
Si es así, y quieres mi feedback directo: deja de preocuparte por lo que podría pensar “Fulano o Mengana”. Olvídate de tratar de encajar en el statu quo y de cumplir las expectativas de otros. Invirte en ti, en tu ambición y tu bienestar. Lo prometo, apostar por ti y por tu carrera hará que la bola ruede.